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Luz propia medioambiental

Asturias, La Nueva España - ADOLFO VILLAVERDE GARRIDO, 11/02/07

Cuando se escucha que Asturias es la región de España que mejor cuidada tiene su franja costera, no hemos de pensar si es verdad o no ni debemos creer que es una afirmación de grandonismo.

 Sencillamente hemos de ponernos a temblar. Porque esos relámpagos de información suelen ser globos sonda o tácitos anuncios de que se va a proceder con discrecionalidad sobre la franja costera. ¿Qué más da lo que hagamos si Asturias tiene un amplio ámbito de tolerancia hasta llegar al desastre en el que se anegan las demás regiones? Estamos mejor y eso nos da carta blanca para actuar.
Por tanto, no es una buena noticia, pensamos. Y, en efecto, a renglón seguido de esa venturosa noticia hemos asistido a anuncios de actuaciones en la franja costera que acreditan nuestra sospecha. La plana mayor de las dos administraciones competentes en Asturias hizo acto de presencia en Rodiles un día de enero, aupada sobre una primera piedra, para anunciar actuaciones impresionantes.
Los quinientos amarres en El Puntal no son sino una señal de adónde se va; condicionan y suponen una población determinada. Resultaba imposible no relacionar este proyecto con lo que se trama en Samartín del Mar. Decimos «se trama» en presente porque las suspensiones adoptadas posteriormente sobre lo proyectado no lo anulan, sólo lo dejan en suspenso hasta después de las elecciones de mayo, lo que sin duda puede ser el punto de inflexión de cuanto desaguisado urbanístico se desarrolla en Villaviciosa.

Los mentados amarres suponen una utilización de la ría que contradice lo que significa su protección parcial como reserva natural. Y es de lamentar que, cuando las cosas de la ría están como están, la propia Administración se empeñe en recargarla con ese lastre. ¿Que cómo están las cosas? Que lo responda el Foro de participación si se lo vuelve a reunir; que lo explique (si puede, si sabe, si quiere) el director de la reserva. ¿Acaso la Dirección de Recursos Naturales comulga con esa decisión? ¿Permite tan increíbles propuestas sin un mínimo informe (capacidades de carga del estuario, estudios de impacto ambiental o alternativas -Tazones, Llastres-É)? ¿Es que nadie se da cuenta de que esta reserva no es amplia como las Rías Baixas, ni siquiera la del Eo? ¿Ya hemos olvidado las principales razones que dieron en un primer lugar la necesidad de dotar a este espacio de una protección ambiental?

El ocurrente municipal lanzó la brillante idea de enlazar El Puntal con Rodiles mediante un puente que cruce la ría. Uno se pregunta por dónde y cómo; si será fijo o colgante (más elegante que el de Bilbao). Y, sobre todo, para qué sirve. Es decir, si es para llevar gentes a El Puntal y descongestionar Rodiles, ¿se ha calculado la escasa capacidad del punto de destino? Y si es para propiciar el aparcamiento en El Puntal, ¿hay alguien que no vea que con esta obra no se conseguirá el más mínimo alivio a la congestión de la zona? Y los coches de los amarres, ¿tendrían sitio? La idea de la pasarela es brillante, pero como son brillantes los sueños de un delirio. No estaría mal que se dedicara un 1 por mil de ese gasto a gestionar la reserva y a mantener limpio, utilizable y en condiciones el espacio de la ribera izquierda de la ría, que no está precisamente muy presentable.

 ¿Qué podemos decir del dragado a que obligaría la presencia de los quinientos amarres? Dragar la barra sería imprescindible para dar operatividad al puerto con esos amarres y ya vemos qué oposición presenta un importante sector asiduo del deporte limpio de surfistas, piragüistas, que han dejado muy clara su oposición. Se presentan informes, planes de uso público de la reserva donde aparentemente todos los usuarios de la misma son tratados de igual forma para al final evidenciar que se prefiere primar a unos pocos (con el impacto de un aprovechamiento excesivo de las actividades náuticas en una reserva) sobre usuarios respetuosos como pueden ser piragüistas, naturalistas o surfistas. Quizás una aparentemente inofensiva fotografía del puerto de El Puntal en las tablas de mareas entregadas por el Gobierno del Principado se convierta (ante estas decisiones) en una declaración de intenciones.
Pero todo esto son problemas concretos que no deben servir para enmascarar el problema de fondo. Y éste es que no hay transparencia en lo que se va a hacer. No es que no haya planes e intenciones, sino que se va destilando gota a gota el veneno en forma de ocurrencias, anuncios que se lanzan y retiran para ejecutarlos luego por la fuerza de los hechos. No obedecen a una reflexión desarrollada en función de un modelo de pueblo, de hábitat, de vida colectiva: se fraguan e impulsan en el secreto de las oficinas. En oficinas se tejen y entretejen acciones, se media en transacciones de compra-venta de terrenos y se hace la vista gorda a excepcionalidades. No se propicia la participación ciudadana en lo que a todos implica, porque de todos es el espacio y para todos hay que organizar un pueblo y un concejo.
El señuelo es siempre el desarrollo enfocado con vistas al turismo. Un turismo que obedece a un modelo caduco, que reporta beneficios a sectores muy minoritarios y perjuicios a la inmensa mayoría. La obsesión de que venga gente a Villaviciosa debería sustituirse por una lúcida política de oferta variada y rica, servicios de calidad y protección-exigencia al comercio local.
Pero, repetimos: reina el ocultismo; nada se hace, no ya con participación, sino simplemente a las claras. Villaviciosa va sin rumbo, sin un rumbo que marquen los intereses colectivos, marcha a golpe de iniciativas empresariales que van lógicamente a lo suyo, y a golpe de ocurrencias públicas que cada vez brillan más por su marchamo demencial.

El presidente Areces dijo en Rodiles: «Asturias brilla con luz propia en España en políticas medioambientales». Nosotros no suscribimos esa afirmación como realidad. Exhibió, al parecer, el esfuerzo de su Gobierno en impedir la especulación mediante un desarrollo controlado y ordenado del litoral. Apostamos por que todo ello llegue a ser verdad. Ojalá.

Adolfo Villaverde Garrido, miembro de la Coordinadora Ornitológica de Asturias, firma este artículo en nombre de su colectivo, Cubera, la Coordinadora Ecoloxista d'Asturies, la Junta de Defensa de Samartín del Mar y otras cinco asociaciones.

 

(ver noticia original)

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